Al igual que otros sistemas intensivos de producción animal, la avicultura tiene un fuerte impacto en el ambiente. Sus residuos orgánicos (excrementos y orina) suponen un grave riesgo si no son tratados adecuadamente.

Se estima que una gallina, dependiendo de su constitución y alimentación, produce 150 gramos de excretas al día. Según el Manual de Buenas Prácticas Avícolas,  en condiciones normales de producción, los pollos de engorde “generan entre 1 a 2 toneladas de pollinaza por cada mil aves, con una humedad del 20% en un ciclo de 45 días”. ¿Cuánto produce su granja?

La experta cubana en producción avícola, Yaneisy García, explica que la pollinaza puede crear enormes problemas de polución a la atmósfera, el suelo y al agua, si no es tratada, convirtiéndose en un potencial riesgo sanitario para la población cercana a la explotación.

Los estragos a la atmósfera tienen que ver con los malos olores y la producción de gases irritantes y asfixiantes. En el caso de los suelos, los residuos orgánicos pueden causar una variación del pH, efectos depresivos, salinidad, presencia de metales pesados y patógenos, exceso de nitratos y nitritos y retención del agua.

Asimismo, la pollinaza puede contaminar las fuentes de agua con restos fecales, que provocan un fenómeno llamado eutrofización, que se define como la presencia de muchos nutrientes en el agua que permite el crecimiento de plantas y otros organismos, que después se descomponen, por ausencia de oxígeno, alterando de forma negativa la calidad del agua. También, la presencia de excretas en las instalaciones  de la granja puede genera lixiviados, con ayuda del agua de lluvia.

El tratamiento de los residuos orgánicos es importante tanto para el bienestar de la comunidad y el ambiente como para la sostenibilidad de la propia granja.

¿Qué hacer?
La pollinaza tratada genera un recurso valioso para la agricultura, el compost (fertilizante orgánico), cuya elaboración permite el cierre de una etapa del proceso productivo.

El tratamiento correcto para la producción de compost, comienza, incluso, en la etapa de crianza de los animales. Organismos como Agrocalidad, la Corporación Nacional de Avicultores del Ecuador (Conave) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) indican que en dicha fase es necesario implementar una adecuada ventilación, se debe controlar continuamente la temperatura y mover las camas con frecuencia, especialmente, cuando la temperatura es alta.

Así, “se obtienen buenos resultados zootécnicos y, además, se previene excesos en la concentración de amoniaco, que afecta a la calidad del aire en los alrededores de la granja, y se evita que se convierta en un reservorio de agentes causantes de enfermedades”.

Tany Valenzuela
tvalenzuela@uminasa.com