Las familias campesinas del Oriente ecuatoriano, que cultivan arazá, borojó y copuazú, destinan el 25% de la producción para el autoconsumo, el 15% para la venta directa y a intermediarios, y el 60% se pierde en el campo. El mercado local nacional desconoce, parcialmente, la existencia de estos frutales con gran potencial alimenticio.

La responsable del programa de fruticultura de la región Amazónica del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), Yadira Vargas, indica que cuando se iniciaron los asentamientos en el territorio amazónico se modificó la vegetación tradicional, introduciendo nuevas especies alimenticias, con poco éxito de adaptación, debido al clima y al suelo. Por esto, los colones se dedicaron a conservar las especies nativas, como estos frutales, que se convirtieron en parte fundamentales de su dieta, permitiendo su propagación.

Sin embargo, los investigadores encontraron a estos materiales subutilizados dentro de las chacras, pues no se conocían sus bondades nutricionales, manejo agronómico, índices de cosecha y manejo poscosecha. Por ser frutos altamente perecibles se perdían en el campo.

Hoy, comunidades nativas de la nacionalidad kichwa, pertenecientes a la Federación de Organizaciones Campesinas de Orellana (FOCAO), y otras como Mandari Panga (Dayuma) y San Carlos (Taracoa) del Cantón Francisco de Orellana, se dedican a recuperar y fortalecer la producción del arazá, borojó y copuazú.

Potencial comercial

Según Vargas, existe demanda internacional. Estados Unidos, Alemania y Francia han mostrado especial interés por el arazá para fabricar jugos, mermeladas, helados y como insumo para repostería.
“El mercado externo requiere volúmenes que no puede atender la producción nacional, a menos que se amplíe la superficie cultivada, se mejoren los controles fitosanitarios y se ejecute un agresivo programa de promoción del producto. Los requerimientos internacionales de calidad son muy exigentes”, dice.

Muestra de esta problemática, es que varias iniciativas de exportación de empresarios de Puerto Napo no tuvieron éxito al ser vetadas en los controles de importación por problemas sanitarios, especialmente por presencia de larvas de la mosca de la fruta.

A futuro, los esfuerzos para conservar estos frutales comprenden la diversificación y elaboración de subproductos como jabón, perfumes, bolos, caramelos, yogurt y galletas. Vargas agrega que los agricultores amazónicos requieren del fortalecimiento de una cadena de valor y promoción para otorgarles identidad amazónica. “Estos frutales son una alternativa sostenible para la Amazonía ecuatoriana porque, al ser nativos, se adaptan con facilidad y no demandan de tecnologías complejas, ni costosas”, dice.

El arazá (eugenia stipitata)

Esta fruta se cultiva en mayores extensiones en la costa ecuatoriana, especialmente en el cantón La Concordia, aunque pequeñas plantaciones se formaron, con anterioridad (1982), en la Amazonía, principalmente en Napo, Orellana, Sucumbíos y Pastaza.
La producción se inicia al tercer año para estabilizarse el quinto, con rendimientos que pueden alcanzar hasta las 14 toneladas por hectárea al año, dependiendo de la fertilización, abonamientos, cuidados fitosanitarios y manejo general. El período de producción puede alcanzar los 25 años .La recolección debe ser inmediata para no dejar madurar mucho la fruta.

El borojó (borojoa patinoi)

En Ecuador no hay información oficial o registros sobre la producción de esta fruta, excepto las 18 hectáreas sembradas en territorio AWA (Fundación Ambiente y Sociedad). En Orellana y Sucumbíos se estima que existen 40 hectáreas sembradas por instituciones públicas y privadas. El rendimiento del borojó es de 9,13 toneladas por hectárea al año, considerando que todas las plantas estén en producción y con rendimiento de pulpa de 5,6 toneladas por hectárea.

El copuazú (theobroma grandiflorum)

No hay información específica relacionada con los rendimientos de producción, pero se sabe que se cosecha a partir de los 210 a 240 días del aparecimiento de los brotes florales y la recolección de los frutos se realiza una vez por semana.

El copuazú es originario de la Amazonía brasileña y se encuentra en las seis provincias amazónicas, formando parte de las chakras de los pequeños productores. En cuanto a sus características organolépticas, es de buen sabor y aroma agradable. Sus semillas molidas forman una pasta similar a la del chocolate de cacao denominado “cupulate”, con la que se hacen jugos, batidos, cócteles, tortas, bolos, mermeladas, pulpas, deshidratados, confitería y vinos.

Fuente alimenticia

Los tres frutales tienen características antioxidantes. El arazá y el copuazú son fuente de vitaminas A, C y minerales como el calcio, magnesio, potasio y fósforo. Por su parte, el borojó es una fruta altamente energética y nutritiva, que contiene vitaminas A y C y minerales como calcio, magnesio, potasio, fósforo, sodio, hierro y zinc.